

La enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)
La enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) es una patología del sistema respiratorio que se desarrolla de manera lenta y progresiva y que provoca la obstrucción de las vías respiratorias inferiores (tráquea, bronquios, bronquiolos y alveolos) desencadenando una disminución irreversible de la función respiratoria, pues la entrada del flujo aéreo a los pulmones se ve reducida.
La patología afecta a la función respiratoria de los pacientes y sus síntomas tienen un efecto altamente negativo en su calidad de vida. Las actividades más sencillas, como por ejemplo subir un tramo de escaleras, realizar las tareas del hogar o incluso dormir, se vuelven imposibles. Esto genera que en muchos pacientes surjan estados de ansiedad y de depresión [1].
Actualmente, la EPOC es una enfermedad prevenible y tratable. De hecho, es la primera causa de muerte evitable pues el tabaco es su principal causante (el 95% de los pacientes con EPOC son fumadores –afecta al 20% de la población fumadora-) [2]. Por lo tanto, dejar de fumar es la intervención más eficaz para reducir el riesgo de desarrollarla y hacer más lenta su progresión.
Sin embargo, también hay que tener en cuenta otros factores como los genéticos y los ambientales (exposición laboral, contaminación atmosférica y/o doméstica), ya que, también pueden provocarla.
Prevalencia
La EPOC es una importante y creciente causa de mortalidad en todo el mundo, pero especialmente en los países industrializados. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es responsable de la muerte de tres millones de personas en el mundo cada año. La OMS la posicionó como la cuarta causa principal de fallecimiento en 2004 y prevé que se convierta en la tercera en 2030.
Actualmente, existen un millón y medio de españoles con EPOC según el estudio EPISCAN de la SEPAR (Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica). Este mismo informe establece que la prevalencia de la enfermedad alcanza el 10,2% de la población española y la mayoría de los afectados se encuentran en edades comprendidas entre los 40 y 70 años. Igualmente indica que, de todas formas, el número de casos no hará otra cosa más que aumentar puesto que aproximadamente un tercio de los españoles fuman, y entre un 20% y un 25% de ellos acabarán desarrollando la enfermedad.
El perfil de enfermo con EPOC corresponde al de un hombre de 50 años o más, que es fumador o lo ha sido. Por lo general, los pacientes sólo buscan atención médica cuando comienzan a notar que se están quedando sin aliento.
La tos crónica y la producción de esputos son, con frecuencia, los primeros síntomas de la EPOC (más tarde aparece la disnea o falta de aliento), sin embargo se puede desarrollar una obstrucción significativa del flujo aéreo sin su aparición.
Al deteriorarse la función respiratoria, la falta de aliento se hace más molesta y limita cada vez más la actividad del paciente, por lo que se produce una disminución de su bienestar general y su calidad de vida.
Muchos de ellos se encuentran en edades en los que todavía pueden ser productivos y la EPOC les provoca una serie de limitaciones físicas y funcionales que les impide realizar las actividades más simples. Muchos pacientes con EPOC desarrollan síntomas de ansiedad, trastornos del sueño, aislamiento social, pérdida de independencia y depresión a causa de estas limitaciones [3].
Además del impacto que tiene la EPOC en la calidad de vida de los enfermos, les provoca una muerte prematura acortando sus años de vida.
Hábito de fumar
Es el factor más frecuente en los enfermos con EPOC (presente en el 95% de los casos [4]) y el más significativo para el desarrollo y la progresión de la enfermedad.
La edad en la que se empieza a fumar, la cantidad de tabaco que se fuma y la situación actual como fumador son predictivos de mortalidad por la EPOC.
Dejar de fumar es, en la actualidad, la intervención más eficaz para reducir el riesgo de desarrollar la EPOC y detener su progresión.
Es preciso concienciar a la población sobre la necesidad de evitar el consumo de tabaco y, a los fumadores, sobre todo aquellos mayores de 50 años, aconsejarles que acudan al médico para realizarse una espirometría [5] para determinar la situación de sus pulmones si sienten algún síntoma (disnea, tos y esputos), ya que la EPOC no es reversible, pero diagnosticada en su primer estadio y con los tratamientos disponibles en la actualidad puede conseguirse que la enfermedad no avance.
Exposición ocupacional a partículas nocivas
De acuerdo con las directrices del informe GOLD deben evitarse las partículas nocivas (polvos orgánicos e inorgánicos, agentes químicos y vapores) a las que están expuestos algunos trabajadores, pues también pueden provocar daños en las vías respiratorias y desencadenar una EPOC.
Contaminación atmosférica
A pesar de ser un factor de riesgo de nivel bajo hay que tenerlo en cuenta, sobre todo en los países en vías de desarrollo. La contaminación atmosférica se ha considerado implicada en las exacerbaciones [6]
Deterioro en el desarrollo pulmonar
Cualquier factor que afecte de forma adversa al crecimiento del pulmón durante el desarrollo fetal y la infancia podría aumentar el riesgo de un individuo de desarrollar EPOC durante la edad adulta.
Factores de riesgo genéticos
La herencia genética es otro factor a tener en cuenta en la aparición de la EPOC. Antecedentes familiares de EPOC o de otra enfermedad respiratoria crónica serán algunos de los aspectos que controlará el médico en el diagnóstico de la enfermedad.
Al ser una enfermedad con una evolución lentamente progresiva, la EPOC permanece sin ser detectada durante muchos años y cuando el paciente acude al médico, normalmente a causa de la falta de aliento, la EPOC se encuentra en un estadio avanzado y ralentizar su progreso resulta muy complicado.
La mayor parte de los enfermos son identificados por primera vez cuando cursan una exacerbación, lo que les provoca un descenso importante de la función respiratoria (aproximadamente se produce una pérdida del 50% en la función pulmonar).
Las consecuencias de un diagnóstico tardío de la EPOC no afectan únicamente a la capacidad respiratoria del paciente (daño irreversible) si no que, también, son altamente negativas para su bienestar y calidad de vida.
La espirometría es la prueba más fiable para confirmar un diagnóstico de EPOC [2].
El espirómetro sirve para medir cómo inhala o exhala un individuo volúmenes de aire en función del tiempo, lo que le permite comprobar de la manera más reproducible, estandarizada y objetiva posible su limitación del flujo aéreo. Cuando el resultado de una de estas mediciones específicas es menor al 70% de lo que debería ser significa que el paciente presenta signos de EPOC.
6 MacIntyre N and Huang YC. Acute exacerbations and respiratory failure in chronic obstructive pulmonary disease. Proc Am Throac Soc 2008; 5: 530-535.
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